Los zombies
Un fuerte ruido saco a todos del extraño sopor que los mantenía quietos.
Aun así nadie pareció haber despertado, más bien se limitaron a moverse de un cuarto a otro, arrastrando los pies y con la cabeza baja.
Cuando llegamos al siguiente cuarto todo era exactamente igual que en el primero, una luz fría parpadeante bañaba el lugar casi destruido, había sillas con la pintura caída, todo parecía indicar que en algún momento fueron de color gris, luego verde y finalmente gris otra vez.
Desde las ventanas que daban a la calle podía verse el sol brillar con fuerza, el ángulo en el que estaba me llevó a pensar que eran cerca de las diez de la mañana, aunque era difícil precisarlo ya que en ese lugar el tiempo discurría más lentamente que en ningún otro lado.
Después de unos minutos las treinta personas que me rodeaban parecieron volver a ser dueños de sí y a mirarse unos a otros, tal vez se preguntaban que hacían ahí. En ese momento la puerta metálica se abrió de golpe, todos voltearon horrorizados y miraron fijamente a la criatura que se colaba por la abertura de la puerta.
Era sumamente extraña, por una parte no parecía diferente de los adultos normales, pero por otro era tan diferente.
Podía sentirse el miedo que la sobrecogía al entrar, pero no era un miedo de los que hacen que uno quiera irse, sino uno de eso miedos que hacen querer dañar al otro antes de que él lo haga.
Camino tambaleándose hasta un escritorio situado justo en el centro del recinto, se acomodó y empezó a sacar cosas de un maletín viejo, a continuación salieron de su boca palabras incomprensibles e inmediatamente todos comenzaron a caer en aquel sopor del que acababan de salir.
Al cabo de unas horas (no me pregunten cuantas) por fin aquel ser pareció caer en el mismo hechizo que dominaba a los demás, su voz se hizo más pausada pronto las palabras ya no salieron más. Aunque todos habían estado tanto tiempo bajo aquel hechizo.
Derrepente aquel espantoso sonido volvió a hacer eco entre los pasillos del edificio, tomé mi mochila y me encaminé hacía la puerta con la cabeza baja, pensando en que mañana tendría que volver a tomar clases en esta horrible secundaria.

