Capitulo cuatro
Capitulo cuatro. La llegada de Sandro
Hace mucho tiempo que no veía a Jonatán. Salí corriendo en cuanto me avisaron y tome el primer vuelo a México.
La última vez que le vi había sido hacia diez años. Cuando lo transfirieron aquí. Siempre habíamos sido los mejores amigos, él, moreno y con el cabello muy corto, siempre fue el musculoso y deportista.
Yo por otro lado siempre fui un flacucho aunque un poco más alto que el. Con el cabello castaño y largo hasta el hombro.
Nos despedimos y el vino al distrito federal a convertirse en un famoso investigador. Yo me quede en Guadalajara y me convertí en un no muy buen reportero. La verdad es que la mayoría de las veces solo salía en un noticiero local para contar chisme de gente famosa.
Tuve muy pocas noticias de él hasta hace una semana cuando me llamaron diciendo que estaba en una especie de manicomio pidiendo a gritos que me llevaran hasta ahí.
Cuando llegué al hospital me esperaba una hermosa mujer de estatura baja, con el cabello rizado y unos centellantes ojos que parecían ir del gris al verde según la claridad de la luz. Sonrió al verme y yo quedé pasmado sin poder articular una sola palabra
-Sandro- me tarde unos segundos en reaccionar – ¿Si eres Sandro no? Me limité a asentir con la cabeza mientras ella me hizo un gesto para que la siguiera. Subimos al elevador y recorrimos un largo pasillo lleno de cuartos cerrados. Cuando íbamos por la mitad se detuvo y se asomo por una pequeña ventanilla en el centro de una puerta -Ahí esta- volteo para mirarme –ha estado pidiendo a gritos que te llamaran desde que llego aquí. Cree que tú puedes ayudarlo-
Le ordeno al que parecía ser el custodio que me abriera la puerta.
No podía creer lo que veía, aquel hombre siempre tan fuerte y seguro de si mismo estaba hecho un cadáver viviente. Me miró fijamente mientras pasaba por el umbral de la puerta y en cuanto estuvo cerrada se lanzó contra mí sujetándome con una increíble fuerza de la camisa.
-no se lo que me paso- aulló mientras me veía con los ojos desorbitados – fui a ese maldito pueblo y ahora creo que en cualquier momento vendrá por mí-
-no entiendo- logre apenas articular mientras trataba de zafarme de su poderoso agarre – la bestia, quiere sangre y no podre detenerla por mas tiempo- debes ir al pueblo y liberarme-
Cuando terminó de hablar parecía que se estaba atragantando, grite lo más fuerte que pude y entraron los guardias a sujetarlo, Jonatán luchó como un toro y dejo inconsciente al menos a dos de ellos, hasta que por fin lograron inyectarle un tranquilizante y se quedó las rodillas se le doblaron y luego se desmayó.
Salí a prisa, Amanda me esperaba, me acompaño a la puerta y me rogó que hiciera lo posible por ayudarle, yo me limite a asentir y a responder con monosílabos a todo lo que me decía.
Nunca habría podido decirle que no a ella, era la razón por la que nunca había querido venir al Distrito Federal a pesar de todas las veces que Jonatán me ofreció mover algunos contactos para conseguirme un buen trabajo.
¿Cómo podría yo vivir tan cerca de ella? Estaba perdidamente enamorado y es la prometida de mi mejor amigo.
Llegue al hotel donde me esperaba la fría y dura cama, no pude conciliar el sueño en toda la noche contemplando en mi mente a aquel hermoso ser que me esperaba en la mañana. ¿Y que importaba si solo quería que ayudara a su novio? Al menos así estaría cerca de ella un tiempo.
Al siguiente día fui de nuevo al hospital sin sospechar que una horrible catástrofe me aguardaba en aquel ya despreciable lugar. Al llegar note que estaba extremadamente vacio y silencioso, avancé a la recepción que estaba solitaria igual que todos los pasillos, subí por el elevador y al llegar al pasillo que el día anterior había recorrido hacia el cuarto de Jonatán un estremecimiento me dejó inmóvil, las nauseas me invadieron hasta doler y el eco del grito que deje salir escapo repetitivo mientras yo miraba la horrible escena. Amanda estaba sentada en medio del pasillo claramente perturbada y con la mirada clavada en el piso mientras abrazaba sus rodillas, a su alrededor no había otra cosa que sangre y pedazos de carne por doquier, la puerta del dormitorio de Jonatán estaba tumbada en el suelo como si algo hubiera estallado dentro causando aquel caos. En el pecho de la blusa blanca de Amanda estaban marcadas lo que parecían las garras de una bestia de gran tamaño.
Corrí hacia ella la sostuve en los brazos y salí, cuando estuvimos afuera me abrazó y repitió varias veces que la bestia había venido por Jonatán luego, perdió el conocimiento.


senor tiene madera de escritor si sale el libro yo lo compro y eso que no me gusta leer pero haria una escepcion